Según las antiguas crónicas de Japón, las primeras manifestaciones de las artes de combate se remontan al año 23 a.C., cuando Nomino Sokume se enfrentó y venció al poderoso Taima no Kuehara en un combate ritual lleno de fuerza y determinación.
Pasaron muchos siglos hasta que surgieron los Koryu, las antiguas escuelas marciales tradicionales japonesas.
Durante el período Muromachi (1333-1568), encontramos numerosos densho (pergaminos de transmisión) que relatan con detalle el florecimiento de los primeros métodos de combate. En esta época, los bushi comenzaron a ser conocidos como samuráis, término que significa “el que sirve”.
En el año 1532, el maestro Takenouchi Hisamori fundó la escuela Takenouchi Ryū, considerada por muchos como la primera escuela formal de Jujutsu o Jiu Jitsu.
Basándose en antiguas prácticas de Sumo, Hisamori creó un sistema de combate cuerpo a cuerpo llamado Kogusoku, donde los guerreros, portando una armadura parcial,
empleaban armas cortas como el wakizashi o el kodachi.
La escuela Takenouchi practicaba un amplio conjunto de técnicas de Jujutsu, junto con Kenjutsu (espada), Bujutsu (armas) y
Yarijutsu (lanza).
Durante el período Edo Jidai, que duró más de dos siglos, escuelas como Takeda Ryū Asayama, Ichiden Ryū, Takagi Yoshin Ryū y la propia Takenouchi Ryū alcanzaron su máximo esplendor, convirtiéndose en pilares fundamentales del arte del JuJutsu.
Hoy en día, el Jiu Jitsu se considera una de las artes marciales más completas, ya que combina una gran variedad de técnicas:
Atemis (golpes de puño y pierna)
Proyecciones y derribos
Luxaciones y controles articulares
Estrangulaciones y defensas contra ataques
Por todo ello, el Jiu Jitsu está reconocido como un excelente deporte de combate y uno de los métodos de defensa personal más eficaces que existen, manteniendo viva la tradición y filosofía del antiguo guerrero samurái.